Santa Fe, Domingo 05 de Febrero de 2012

CAMPAÑA PAREN DE FUMIGARNOS


06-01-2010 |  Editorial del Ambientalista N° 225 de enero del 2010.

SIN MARIPOSAS NO HAY TORNILLOS...

Palabras pronunciadas en la FAC. DE CIENCIAS HÍDRICAS de la UNL en oportunidad de realizarse la jornada “preocupaciones y perspectivas frente al cambio climático”. Santa Fe, 2/2/09.

Cuando en 1979 el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) indicaba que uno de los principales desafíos hacia el futuro era el llamado "efecto invernadero", hacía pronósticos para 50 o 100 años más tarde. El Centro de Protección a la Naturaleza, como en otras actividades, se dedicó a difundir y alertar sobre esta situación durante todos estos años y sus publicaciones dan cuenta de ello. Hacemos esta mención no para desgarrarnos las vestiduras, sino para reflexionar sobre lo que hemos hecho -como sociedad- en los últimos 30 años.  Sí bien ya en 1979 se presentía que se venían importantes cambios en el Planeta, hace sólo 10 años los científicos reconocen la incidencia de una forma de relación entre la sociedad y la naturaleza como causa agravante de este período particular de la vida en el mismo y aún seguimos discutiendo sobre si la tecnología, la ciencia o los hábitos de los seres humanos pueden mitigar el impacto previsto. Ya estamos transitando ese periodo de 50 a 100 años y nosotros, las generaciones actuales, comenzamos a vivir todo lo que hace años parecía un cuento de ciencia ficción. Sin embargo, en este tiempo de incertidumbres y de crisis -alimentaria, ambiental, energética y económica-, seguimos creyendo que aplicando las mismas recetas solucionaremos "el" problema. Esta lógica cientificista -que ha logrado no pocos éxitos, es cierto,  no puede dar respuestas a los problemas que ella misma genera. Y en cascada, pocas respuestas puede dar a la sociedad, a los decisores políticos y a los tecnólogos. En nuestro país, las actividades que incrementan la emisión de gases de efectos de invernadero se encuentran a la orden del día: deforestación y quema de bosques, erosión de suelos, inundaciones y sequías... Las actividades extractivas más importantes y supuestamente generadoras de riqueza, son absolutamente devastadoras: nos referimos al monocultivo de soja y sus derivados (poroto, harinas, aceites y biocombustibles) y a la minería, que destruye las fuentes de aprovisionamiento de agua, inyecta toneladas de polvo en la atmósfera y utiliza miles de litros diarios de combustibles fósiles y de agua y cientos de toneladas de explosivos. No debemos dejar de lado los aspectos relacionados de qué, cuánto y para qué producir,  y cuánta energía significa esa decisión: un ejemplo de ello es el incremento del transporte terrestre y el fomento del transporte individual, en detrimento de otras formas menos contaminantes. Y para abastecer esta demanda no alcanzarán los esfuerzos de nuestros científicos ni pretender poner toda la tierra cultivable al servicio de la producción de biocombustibles. También vale la crítica sobre la política del Fondo del Carbono y la venta de bonos, ya que la misma sólo debe tomarse como una medida transitoria y no resolutiva: pretender incorporar y equiparar en este mercado a un relleno sanitario, un bosque de árboles genéticamente modificados o un cultivo de soja resulta una estrategia de "patear los problemas para adelante". Una tecnología no cumple con sus fines, ni es eficiente mientras esta no sirva a la mayor cantidad de población posible a un costo accesible para la misma. Las tecnologías, convertidas en las estrellas de la "solución" del cambio climático son sólo una de las patas de esta discusión.  Hemos hablado de ciencia, de tecnología, pero no debemos olvidar a la gente común y sus dirigentes: unos por la actitud egoísta e individualista del consumo exacerbado de productos innecesarios y los otros por no tener los reflejos ni la capacidad ni el valor suficientes para tomar las decisiones que corresponden en este momento crucial de la humanidad. Pero queremos volver sobre un aspecto que habitualmente es soslayado por los especialistas y políticos de turno. Este análisis resulta, en realidad, parcial y sesgado: parecería que los ambientalistas sólo deberíamos preocupamos por el ambiente cuando no es así. Debemos aclarar que, para nosotros, sin mariposas no hay tornillos o sea que: todo, absolutamente todo lo que nos rodea y de lo cual se sirve la sociedad humana viene o depende de la naturaleza; por ello, decimos que la principal crisis es la humana por no reconocer que su vida depende del ambiente. A esta altura de las circunstancias, con una sociedad medianamente informada y alfabetizada, parece una verdad de Perogrullo decir que sin ciclos biogeoquímicos, sin oxígeno, sin agua, sin biodiversidad, sin suelo soporte para las actividades productivas, no hay HUMANIDAD. Y no hay postulado político, científico o herramienta tecnológica que pueda resolver este dilema si observamos esta situación con los parámetros que hoy han sido superados y que deben, sí o sí, adaptarse. La respuesta habitual de los gobiernos y de los estamentos científicos tecnológicos es más de lo mismo. Este momento exige cambiar los parámetros, el enfoque, generar un nuevo paradigma para la ciencia, el consumo, la producción...y así generar un futuro alternativo para la sociedad humana. Es un camino que debemos comenzar a transitar y constituye todo un desafío para nuestra especie, desde lejos la más frágil y amenazada por el Cambio Climático. 

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